La crisis energética generada por la deflagración del ducto en Megantoni (Cusco) afectó el suministro de gas a nivel nacional, una situación que dejó al descubierto la grave fragilidad del sector energético en el país. En un inicio, el impacto de esta rotura no se percibió con claridad, hasta que comenzó a reflejarse en los precios.
Con el paso de los días, en distintos grifos se formaron largas colas de choferes que intentaban llenar el tanque de sus vehículos. Luego ocurrió lo inevitable: empezó a subir el pasaje del transporte público.
Algunas empresas emitieron comunicados informando que “murió la luca”. Es decir, un tramo por el que antes se pagaba S/1 pasó a costar S/1.50. Esta decisión generó molestia entre los pasajeros, especialmente porque muchos se enteraban del nuevo precio recién cuando ya se encontraban dentro del bus.

Sin embargo, conforme avanzaban los días y se confirmaba el incremento del precio de los combustibles, el alza del pasaje comenzó a ser percibida como una medida “razonable”.
Desde el Ejecutivo se implementaron algunas acciones para reducir el impacto de la crisis, como la adopción de clases virtuales y el teletrabajo en el sector público. Asimismo, se solicitó a las empresas privadas evaluar la aplicación de estas medidas durante esta semana.
El ministro de Energía y Minas, Ángelo Alfaro, confirmó que el suministro de gas se normalizará el 14 de marzo. Por ello, hizo un llamado a la ciudadanía a mantener la calma y aseguró que, un día después, la situación debería volver a la normalidad.
No obstante, aunque la rotura del ducto operado por la empresa Transportadora de Gas del Perú es considerada una emergencia temporal, los transportistas ya evalúan mantener el alza del pasaje e incluso incrementarlo aún más.

El reciente incremento del precio de los pasajes en el transporte público responde, principalmente, al aumento del costo de los combustibles. Así lo explicó Héctor Vargas, representante del sector transportista, quien señaló que el alza está directamente vinculada con factores que escapan al control de las empresas.
Según indicó, el precio del combustible que utilizan los buses depende del mercado internacional. “El origen del alza del precio tiene que ver con el precio del combustible, que es internacional”, señaló en entrevista con Exitosa. En ese contexto, el diésel —uno de los insumos más utilizados por el transporte urbano— ha registrado incrementos que impactan de forma directa en los costos de operación.

Vargas precisó que la mayor parte de las unidades que circulan en el transporte público funcionan con este combustible. Esta dependencia del diésel hace que cualquier variación en su precio se traslade rápidamente al costo del servicio. De acuerdo con el dirigente, por esa razón resulta poco probable que el pasaje vuelva a bajar en el corto plazo. Incluso advirtió que la tarifa actual podría no reflejar el verdadero impacto del aumento de los combustibles.
“Subió el combustible, subimos cincuenta centavos, pero no refleja realmente ese treinta por ciento que debería subir el pasaje”, afirmó.
Por ello, Vargas advirtió que las tarifas podrían volver a incrementarse si los costos continúan subiendo. Según explicó, las empresas deberán evaluar con mayor detalle su estructura de gastos para determinar si el precio actual del pasaje permite mantener el servicio sin afectar la sostenibilidad de las operaciones.

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